Fiebre

    Logras distinguir un habitáculo, con el techo rosa y alfombras negras tiradas al azar en el suelo. Las paredes están minadas de boquetes por los que se filtra una luz tenue. Te aproximas.

     Al otro lado de la pared hay una bañera y un espejo. Dos figuras indeterminadas se están duchando. En el espejo se encuentra tu reflejo, pero no eres tú. Es tu otro yo, aquel que te representa en los sueños. En ellos, como bien sabes, uno mismo nunca lo es del todo.

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